Barrios ecológicos en ciudades europeas

La ciudad alemana de Friburgo es, según los expertos de Ecologistas en Acción y WWF España, un modelo paradigmático de cómo deberían plantearse auténticos ecobarrios. Evangelina Nucete, de WWF España, recuerda por ejemplo que en Vauban, uno de los distritos de esta ciudad, "los niños pueden jugar con seguridad en las calles; el 40% de los residentes no tiene coche y los que lo tienen lo aparcan en una zona comunal situada en un extremo del distrito. Además, se ha desarrollado un óptimo sistema de transporte público que facilita la movilidad de sus residentes."


Paco Segura, de Ecologistas en Acción, destaca que estos barrios ecológicos de Friburgo "se diseñaron para que no fuese necesario el uso del coche, por lo que algunos entran dentro de la categoría de 'barrios sin coches', con los lugares de trabajo en el propio barrio o cerca para ir dando un paseo en bici o tranvía, etc."

Asimismo, los responsables de este municipio se han propuesto para 2010 reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en un 20%, para lo que utilizarán tecnologías basadas en energías renovables y en la eficiencia energética. Los ciudadanos cuentan también con un sistema de recogida selectiva de residuos, y se ha generalizado la producción descentralizada de electricidad, de manera que son las propias viviendas y los edificios públicos los que generan su propia energía. La apuesta por el medio ambiente se realiza incluso en el trabajo de sus habitantes, que se han centrado en el turismo y en empresas relacionadas con el sector "verde".

En Friburgo, los niños pueden jugar con seguridad en las calles y los edificios generan su propia energía

Además de Frigurgo, otras ciudades europeas también destacan por contar desde hace años con emblemáticos barrios ecológicos. Es el caso de "BedZED" (acrónimo en inglés de Beddington Zed Energy Development), una zona residencial de 92 viviendas inaugurada en Londres en el año 2000. El proyecto presenta iniciativas tan curiosas como la reconversión de una antigua planta de tratamiento de basuras en una vivienda sostenible, el consumo cero de energías fósiles o la incorporación de estrategias bioclimáticas, el empleo de materiales reciclados, así como un uso responsable del agua.

En Finlandia, el barrio ecológico de Viikki, ubicado a siete kilómetros de Helsinki, fue terminado en 2004 para ofrecer un lugar más acogedor donde vivir a 1.700 personas. Su construcción fue llevada a cabo entre el Ministerio de Medio Ambiente, la asociación de arquitectos y la agencia nacional para la tecnología de este país. Las viviendas reúnen todo tipo de sistemas activos y pasivos de bioconstrucción y los espacios verdes, además de ofrecer una estancia agradable a sus habitantes, permiten aprovechar el agua de lluvia.

Por su parte, diversas ciudades francesas también cuentan con varios ejemplos de ecobarrios: en Doaui, "Le ZAC du Raquet" se creó en 2006 para albergar a 12.000 habitantes; en Merville, "Les jardins de Flanders" albergará 350 viviendas con criterios ecológicos; en Courcelles se desarrolla el proyecto "Le Domaine de la Marlière" para unas 1.230 viviendas; en Estrasburgo, sus responsables institucionales anunciaban recientemente la construcción de varios barrios ecológicos, etc.

Nuevo saqueo de tierras en los paises del sur

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España es el segundo país europeo que más superficie necesita fuera de sus fronteras para mantener este consumo.
La mayor parte de estas tierras están en América Latina, donde se agudizan los problemas ambientales y sociales.

Una investigación realizada de forma conjunta por 15
grupos de Amigos de la Tierra Europa junto a la Coordinadora Europea Vía Campesina revela que la UE necesita más de 14 millones de hectáreas de superficie agrícola fuera de sus fronteras cada año para abastecerse de soja. La inmensa mayoría de estas tierras están en América Latina (el 90% en Brasil, Paraguay y Argentina). España necesita 242 m2 por habitante y año.

La soja se destina fundamentalmente a alimentación animal.
En un modelo de ganadería intensiva los distribuidores presionan al ganadero para abaratar los precios.

Esto le obliga a reducir los costes de producción, hacinando los animales en espacios cada vez más reducidos en una producción a mayor escala,
perjudicando el bienestar animal. En este modelo, la soja es la pieza fundamental, al ser una fuente de proteína vegetal barata, abundante, y a bajo coste.

Pero el cultivo de soja es uno de los más importantes causantes de deforestación en América Latina, ya que su expansión acelera la pérdida de ecosistemas como la Amazonia o el Cerrado. Y la deforestación supone
en torno al 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global.

El cultivo de soja se asocia también a la degradación ambiental y social generalizada, incrementando la violencia por la propiedad de las tierras, y los abusos de los derechos humanos de las comunidades locales y campesinas.
Su expansión supone también el desplazamiento de
cultivos alimentarios, perjudicando la seguridad y la soberanía alimentaria de
los países productores.

Por otro lado, los consumidores europeos no son informados de que gran parte de esta soja está modificada genéticamente, ya que no hay obligación de etiquetar los productos derivados de animales alimentados con transgénicos.

La soja transgénica, propiedad de Monsanto, está incrementando exponencialmente el uso de productos químicos, convirtiéndose en una grave fuente de contaminación del aire, de las aguas superficiales y
acuíferos, amenazando la salud de los trabajadores y las
comunidades locales. Se están generando, además, resistencias
en las hierbas adventicias, creando graves problemas agrícolas.

Además de la alimentación animal, una nueva fuente de demanda comienza a cobrar importancia, ya que el aceite de soja supone ya el 17 % del diésel de origen agrícola utilizado en Europa. Si España, y la UE en su conjunto, están comprometidas a enfrentar desafíos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad global, los derechos humanos, y enfrentarse a la crisis alimentaria, deben reducir de forma urgente la dependencia de importaciones de soja y detener el uso de cultivos para la producción de agrocombustibles.

Desde Amigos de la Tierra consideramos que la solución pasa por rebajar nuestro excesivo consumo de carne y otros productos animales, que está suponiendo un impacto masivo en los países del Sur

Necesitamos también cambiar las políticas agrícolas y comerciales europeas
en clave de soberanía alimentaria para eliminar la dependencia de importaciones de soja de países del Sur,apoyando la ganadería extensiva en un modelo de agricultura social y respetuosa con el medio ambiente.

La Unión Europea utiliza enormes cantidades de superficie agraria en países del Sur para cultivar soja, necesaria para mantener la ganadería intensiva y, cada vez en mayor medida, a sus coches.

http://www.tierra.org/spip/IMG/pdf/Revista18.pdf

Patricia Viguie

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