España es el segundo país europeo que más superficie necesita fuera de sus fronteras para mantener este consumo.
La mayor parte de estas tierras están en América Latina, donde se agudizan los problemas ambientales y sociales.
Una investigación realizada de forma conjunta por 15
grupos de Amigos de la Tierra Europa junto a la Coordinadora Europea Vía Campesina revela que la UE necesita más de 14 millones de hectáreas de superficie agrícola fuera de sus fronteras cada año para abastecerse de soja. La inmensa mayoría de estas tierras están en América Latina (el 90% en Brasil, Paraguay y Argentina). España necesita 242 m2 por habitante y año.
La soja se destina fundamentalmente a alimentación animal.
En un modelo de ganadería intensiva los distribuidores presionan al ganadero para abaratar los precios.
Esto le obliga a reducir los costes de producción, hacinando los animales en espacios cada vez más reducidos en una producción a mayor escala,
perjudicando el bienestar animal. En este modelo, la soja es la pieza fundamental, al ser una fuente de proteína vegetal barata, abundante, y a bajo coste.
Pero el cultivo de soja es uno de los más importantes causantes de deforestación en América Latina, ya que su expansión acelera la pérdida de ecosistemas como la Amazonia o el Cerrado. Y la deforestación supone
en torno al 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global.
El cultivo de soja se asocia también a la degradación ambiental y social generalizada, incrementando la violencia por la propiedad de las tierras, y los abusos de los derechos humanos de las comunidades locales y campesinas.
Su expansión supone también el desplazamiento de
cultivos alimentarios, perjudicando la seguridad y la soberanía alimentaria de
los países productores.
Por otro lado, los consumidores europeos no son informados de que gran parte de esta soja está modificada genéticamente, ya que no hay obligación de etiquetar los productos derivados de animales alimentados con transgénicos.
La soja transgénica, propiedad de Monsanto, está incrementando exponencialmente el uso de productos químicos, convirtiéndose en una grave fuente de contaminación del aire, de las aguas superficiales y
acuíferos, amenazando la salud de los trabajadores y las
comunidades locales. Se están generando, además, resistencias
en las hierbas adventicias, creando graves problemas agrícolas.
Además de la alimentación animal, una nueva fuente de demanda comienza a cobrar importancia, ya que el aceite de soja supone ya el 17 % del diésel de origen agrícola utilizado en Europa. Si España, y la UE en su conjunto, están comprometidas a enfrentar desafíos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad global, los derechos humanos, y enfrentarse a la crisis alimentaria, deben reducir de forma urgente la dependencia de importaciones de soja y detener el uso de cultivos para la producción de agrocombustibles.
Desde Amigos de la Tierra consideramos que la solución pasa por rebajar nuestro excesivo consumo de carne y otros productos animales, que está suponiendo un impacto masivo en los países del Sur
Necesitamos también cambiar las políticas agrícolas y comerciales europeas
en clave de soberanía alimentaria para eliminar la dependencia de importaciones de soja de países del Sur,apoyando la ganadería extensiva en un modelo de agricultura social y respetuosa con el medio ambiente.
La Unión Europea utiliza enormes cantidades de superficie agraria en países del Sur para cultivar soja, necesaria para mantener la ganadería intensiva y, cada vez en mayor medida, a sus coches.
http://www.tierra.org/spip/IMG/pdf/Revista18.pdf
Patricia Viguie
